jueves, 28 de abril de 2016

El Lazarillo de Tormes y Don Quijote de la Mancha

En esta tarea perteneciente al proyecto Claroscuro, se nos ha encargado la lectura de dos fragmentos pertenecientes a las obras del Lazarillo de Tormes y Don Quijote de la Mancha, para luego proceder a la comparación de los protagonistas de dichos textos con los personajes presentes en el desarrollo de cada fragmento, en cuanto al comportamiento y actitud de éstos.

La vieja y el muchacho, Murillo (1650-1660)
En primer lugar, empezaremos por el Tratado III del Lazarillo de Tormes. En esta parte de la obra, el Lazarillo se encuentra en Toledo, recorriendo sus calles en busca de limosnas para poder comer, cuando se encuentra con un escudero de buen porte, por lo que decide servirle como si fuese su amo.
Sin embargo, resultó ser un pobre al igual que él, muerto de hambre que sólo conseguía mantener una imagen falsa. Finalmente, cuando se encuentran con que el alguacil y varias personas van en su busca para cobrar sus deudas, el escudero abandona al Lazarillo en la casa para que se enfrentase él a sus problemas, situación de la que el Lazarillo consigue escapar gracias a las vecinas, quienes defienden su inocencia.

En este fragmento, podemos notar que el escudero no es muy diferente de el Lazarillo: pobre, muerto de hambre, se gana la vida como puede, etc. Sin embargo, ambos muestran un comportamiento muy chocante con el del contrario: el Lazarillo pide limosnas y busca la forma de llevarse el pan a la boca sin disimulo, intentando dar la mayor pena posible y apelando a la compasión; mientras que el escudero evita en lo posible mostrar esa imagen, llevando la mejor ropa posible para no dar la apariencia de un hombre hambriento.  Además, el escudero no muestra tener mucho carácter o personalidad propia, pues se muestra como un señor bien mantenido, siendo este aspecto totalmente falso, y además mostrando que bajo esa piel de cordero desamparado se esconde un avaricioso y un mentiroso, que deja tirado a un muchacho con sus deudas sin remordimientos.
Niños comiendo uvas y melón, Murillo (1645-1650)

En segundo lugar, tenemos el fragmento del Quijote que representa la liberación de los galeotes. A lo largo del texto, Don Quijote y Sancho Panza se encuentran con un grupo de hombres encadenados que son custodiados por cuatro guardias. Don Quijote, a la búsqueda de aventuras y y hazañas que realizar, decide preguntar el por qué del encadenamiento de esta gente, quienes responden que han realizado varios delitos. El hidalgo, al oír los delitos de éstos, juzga que no son merecedores de ser encarcelados y deben ser liberados. Les pide a los guardias la liberación de los presos, quienes se niegan rotundamente y es ahí cuando Don Quijote arremete contra ellos y libera a los encadenados. Al final, Don Quijote les pide como recompensa por los hechos que relaten sus hazañas a Dulcinea, los cuales se niegan por miedo a ser capturados de nuevo y ante la locura del hidalgo, le apedrean y les roban a él y a Sancho.

Caballero sonriente, Frans Hals (1624)
Aquí podemos observar dos caras bastante evidentes que podríamos representar como el bien (Don Quijote) y el mal (los galeotes). Don Quijote mantiene una actitud de héroe, que quiere ayudar a todo el mundo y es bueno y justiciero a más no poder. Éste intenta siempre hacer el bien (o al menos, lo
que él considera que es bueno) y cree en la gratitud y la bondad. Sin embargo, se confronta con los galeotes, quienes son delincuentes que sólo buscan el bien para sí mismos y el mal para el resto. Ellos se comportan como buenos ciudadanos que han realizado actos insignificantes para  que sean liberados, y en cuanto son liberados y se ven amenazados (en el caso de la pedida de Don Quijote de contar sus hazañas, pues pueden ser atrapados por las autoridades si lo hacían), deciden hacer lo que mejor se les da: apedrean al hidalgo en un acto salvaje y les roban como buenos delincuentes que son.

Como último punto de esta entrada, quería comentar que he encontrado, en mi opinión, una relación entre ambos textos que bien podría ser una moraleja de cuento infantil. Ambos nos enseñan que las apariencias engañan, y que bien no todo lo que vemos u oímos podría ser cierto del todo. Para finalizar, quisiera comentarle a mi profesor de Lengua (lo siento, tenía que hacerlo) que si fuese posible, pudiésemos leer el Lazarillo de Tormes, pues la encuentro interesante y he oído hablar mucho de la obra y nunca he tenido la oportunidad de poder leerlo.

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