martes, 3 de mayo de 2016

España, campeón mundial en picaresca

La picaresca, ese tema tan tratado en el antiguo Siglo de Oro que parece alejarse tanto de nuestra actual sociedad y que recordamos por obras tales como el Lazarillo de Tormes. Pero, ¿y si no es así? ¿Os habéis preguntado realmente si la picaresca persiste en nuestros días a pesar de haber quedado tan atrás en el tiempo?

Dilema moral, El Diario (21/11/2013)
Ante todo, para aquel que no sepa qué es la picaresca, se trata de un subgénero de la literatura en la que se narran las aventuras de un pícaro, personaje que trata de engañar a la gente por beneficio propio. Y os preguntareis cómo puede ser que esto llegue a nuestros días. Simplemente, tenéis que mirar un poco las noticias para saber de lo que hablo. Fraudes, corrupción, paraísos fiscales y un largo etcétera de casos en los que nuestros políticos han sido cazados como auténticos pícaros de la era moderna, de los cuales seguro que muchos ya os sonarán de antemano: Francisco Correa y el extesorero del PP Luis Bárcenas, del caso Gürtel; Iñaki Urdangarín, del caso Nóos; y el exalcalde Julián Muñoz, de la operación Malaya, entre otros muchos. Por supuesto, no nos podemos olvidar de ese pequeño pícaro que se volvió tan famoso por asistir a la recepción de la proclamación del rey Felipe VI, el pequeño Nicolás, un joven de 22 años que se hizo un hueco en la prensa española por sus ''travesuras''. Y es que la picaresca ha evolucionado desde su aparición, pasando de pobres que engañaban y robaban para sobrevivir a ricos y miembros del mundo político que lo hacen para vivir por encima de los demás e incluso utilizan a las fuerzas del orden para sus propósitos. Ojo, que tampoco quiero decir que sólo se de en estos casos. Pongamos por ejemplo, un bar situado en el centro de la ciudad en el que decides comer y al terminar el almuerzo, te salta tu instinto arácnido indicando que algo va mal. En el recibo te cobran poco más de dos euros por algo a lo que ellos llaman ''servicio de mesa''. Y es que aunque la picaresca ha alcanzado a los niveles más poderosos, no quiere decir que haya desaparecido de las clases más bajas.

Guardemos las formas, El Diario (18/11/2013)
Es en este punto cuando podríamos diferenciar hasta tres tipos de pícaros: los que son pobres y lo hacen por necesidad, que no son pocos; los de la clase media, por salvarse unos eurillos del bolsillo o quitárselos a otros; y los peces gordos, que estafan y engañan por el inevitable deseo de ser más ricos de lo que son. Y aquí podría surgirnos una duda: ¿existe alguien que sea la medida contra estos pícaros?¿Un quijote que nos salve de estos ilusionistas? Afortunadamente, existen algunos (pocos) quijotes que intentan acabar con esta picardía e imponer la pureza de los actos y la justicia, ya sea mediante la ayuda de estas personas para que no tengan que volver a recurrir a ella por necesidad, bien mediante el castigo de los actos realizados que hayan perjudicado a otra persona. Ejemplos de lo que digo podrían ser los jueces (o, al menos, la mayoría de ellos), que intentan hacer cumplir la ley por encima de cualquier posición política o social; o, aunque no lo parezca, los comedores sociales, donde se abastece de comida a personas desamparadas, por lo que impiden que estas necesiten del engaño para comer, intencionadamente o no. Luego, según pienso, tenemos otro tipo de quijotes más indirectos, cuya función es la de conocer y sacar la luz aquellos casos graves de estafas, como podrían ser los periodistas Jordi Évole o Ana Pastor, quienes intentan dar a conocer la verdad a través de entrevistas e investigaciones.

¿Entonces es la picaresca algo característico del ciudadano español?¿Una cualidad que pertenece a nuestro ser por ser español? Yo diría que sí, y no es broma. Sólo habría que fijarse en nuestros vecinos europeos para contrastar qué los diferencia de nosotros, pues incluso el simple hecho de tirar un papelillo al suelo lo consideran como algo mal visto públicamente, de impensable realización. Por tanto, no nos debería extrañar que hablen de nosotros como los malos de la película, los grandes mentirosos cuya imagen se ve ensuciada por estos actos. En mi opinión, si queremos acabar con esta mala reputación, sería necesario un completo cambio sociopolítico en nuestro país, algo que sinceramente no veo que llegue a realizarse en un país como el nuestros.

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